domingo, 15 de febrero de 2015

COLOQUIO DE LOS ZAPATOS CASOLETA Y CAMBRILLÒN. Juan Josè Bocaranda E




COLOQUIO DE LOS ZAPATOS CASOLETA 

Y CAMBRILLÒN
Juan Josè Bocaranda E

“Murmura, pica y pasa, y sea tu intención limpia
 aunque la lengua no lo parezca” (Cervantes)


Dos zapatos nacidos en la misma fàbrica,  concebidos por el mismo diseñador, consentidos por el mismo dueño y elaborados con la misma clase de material, pero no hijos, necesariamente, del mismo zapatero. Aunque ambos, venidos al mundo en un mismo recinto, se ilusionan con que sì lo son. Y es que han sido  hermanados por el mismo dueño, por la misma vida, por las mismas circunstancias y por igual destino.

Es algo indiscutible. Cuando caen en abandono, los zapatos malviven como viven los pobres, porque pasan a serlo. Obran como los pordioseros, porque demandan la caridad cristiana. Sufren, se desvelan, son víctimas de las plagas y de las enfermedades, y padecen sin esperanza, sin fe y con muy poca caridad, sed, hambre y frìo, porque son marginados.

 Pero, ¿quièn puede asegurar que los zapatos no sienten y no aman como los perros a sus amos, y que tampoco son leales? ¿Quièn puede asegurar que no existe una escala social entre los zapatos y que cuando ya están viejos y abandonados no van a formar parte de las capas de los desemparados, en un mundo de detritos, donde se pierde toda iniciativa, todo asomo de orgullo, todo rasgo de rebeldía, todo àtomo de dignidad? No. No están en condiciones de germinar rebeldías ni rebeliones. Allì no hay campo para las “revoluciones”, cuyo papel asumen quienes no necesitan de ellas sino para medrar y justificar su envilencimiento.

¿Que Casoleta y Cambrillòn hablan como gente culta? Pues ¡claro que sì!. Eso es inevitable. Porque los zapatos son silenciosos y atentos, y escuchan y escuchan y escuchan…y  nada se les escapa. Sòlo se miran entre ellos a los ojos, en la semioscuridad, para ponderar y acentuar con miradas elocuentes. Ocultos en el closet o debajo de la cama, aprenden de quienes dicen dormir por encima de ellos. Se enteran de todo…pero son tan leales, que jamàs se ha dicho,  ni se dirà, que una vez hubo un zapato que delatò a la esposa del dueño por casquivana y resbaladiza. Gracias a la discreción de los zapatos, han logrado sobrevivir por lo menos en las apariencias, muchos matrimonios.

Los zapatos son inteligentes y perspicaces, allì donde se les ve “hechos los polacos”. Callan, escuchan, observan, aprenden y redactan.

Hemos logrado establecer en nuestras serias, profundas y acuciosas labores de investigación, en la historia de los zapatos, que cuando su dueño les resulta leal, conservándolos en uso con longevidad, amor y gratitud , se compenetran sus esencias, y el dueño comienza a pensar como los zapatos, es decir, en un silencio creativo. Cuando un escritor o un científico, o un filòsofo, recluidos por la vejez y en el olvido,  beneficia sorpresivamente al mundo con una obra cumbre, estemos seguros de que allì se encuentran los zapatos como causa del impuso creador: el silencio reflexivo de los zapatos, que el sabio recibe como una  lecciòn,  con humildad y gratitud, pero sin revelar el secreto. Porque, si este secreto se llegase a conocer, comenzarìa la explotación inhumana de los zapatos, pues los narcotraficantes y los malvivientes (que en realidad son lo mismo), se apresurarìan a crear la “trata de zapatos viejos”, como existe la “trata de  carne humana”.

Tambièn forma parte de aquella recepción de la esencia de los zapatos por parte del dueño,  la forma de caminar. Porque el dueño comienza a caminar como andan los zapatos vacìos de pies: livianos, como pisando nubes, lo cual es beneficioso porque es una especie de apertura del  “camino al cielo”, a medida que se les acerca el fin. De esta manera los zapatos contribuyen al bienestar  interior de sus dueños, quienes toman las cosas de la vida con la filosofía de la paz, que es, por lo general, la filosofía de todos los zapatos, aun de los que han ido a la guerra, pues los zapatos son pacíficos por naturaleza, pero la maldad del hombre los arrastra al campo de batalla y los deja torcidos, boquiabiertos, desgarrados y hasta demoralizados. Por culpa del hombre, quien todo lo daña, lo inficiona y lo corrompe…

Por su parte, en aquellas condiciones, los zapatos absorben  de la esencia del dueño, y se convierten, de tanto escucharlos, en seres pensantes. Por eso hay zapatos filósofos, zapatos elocuentes como los profesores, zapatos sociólogos, zapatos trabajadores sociales, en cuyos pies los zapatos se sienten màs a gusto, porque se les da la oportunidad de “patear” las calles aun por los sitios màs inverosímiles y peligrosos.

Tambièn hay zapatos historiadores, que se dedican en especial al estudio de los pueblos antiguos, como los medos y los aquitas, en cuanto se refiere al calzado y su evoluciòn.

Ah. Por supuesto. No podían faltar los juristas. Los zapatos juristas, que no lo puede ser cualquier abogado, sino únicamente los  de “alto coturno”, es decir, los “juristas de tacones altos”, que gozan destacándose en toda circunstancia.

Se dice que en el mundo de los zapatos, (según el principio “como es allà es aquí”),  existe una estructura paralela de saberes universitarios, sòlo que los zapatos estudian y se gradùan en la “Universidad de la Vida”, basándose sobre todo en la experiencia, fuente de sabiduría. No ostentan títulos, no porque no los merezcan, sino porque no existen profesionales suficientemente calificados, a su altura intelectual y sapiencial, dignos de entregarles el papiro milagroso, que abre (casi) todas las puertas.

Los zapatos indigentes, a medida que los años pasan, van cayendo en el letargo. Un letargo permanente, que los acompaña a todas partes. Las necesidades insatisfechas, las frustraciones febricitantes, las rabias contenidas, la resignación forzada, se les profundiza en el alma. Y el alma recurre a la estratagema del realismo fantástico, donde los zapatos sueñan, dormidos o despiertos, vidas de la gente chic. Y se intercambian sus sueños, y se los alimentan y fortalecen mutuamente: todo allì es mentira, pero todo es realidad. Cada uno asume un papel que vivir, en un cuadro espontáneamente conformado: es el teatro bufo de los zapatos pobres, donde sòlo la muerte es la que jubila, y con creciente tristeza. La tristeza del zapato viejo que percibe en cuero propio en què forma lo destroza el tiempo, diente a diente, suela a suela, hasta verse reducido a un mustio cascaròn. Sin embargo, aun asì, con ansias de eternidad, exhala recuerdos gratos a la memoria del dueño que le espera al otro lado del ser y de la nada, donde todo, según dicen y se espera, todo regresa a la juventud con el gozo revitalizante del reencuentro.

Pero, basta de preámbulos. Oigamos en silencio, esta vez nosotros, què dicen y comentan los zapatos viejos…


……………

CASOLETA,- Cambrillòn, hermano, juntos nacimos y juntos habremos de morir. Por algo venimos de la misma lezna.

CAMBRILLÒN.- Seguramente asi lo planificamos en el bardo, según dicen los metafísicos.

CASOLETA,-Si lo dicen los metafísicos, santa palabra. No hay pele. Esa gente es muy sabionda. Hasta charlan con los àngeles.

CAMBRILLÒN.-Cuando una dama de èsas tiene algún problema, riiiiig, y se comunica con los querubines como yo con mi madre cuando me daba la teta.

CASOLETA.- Pero eso no lo hace cualquiera. Esas personas se comunican con los àngeles de pu a pu, sòlo porque son tan puras, tan puras, que alumbran como una luminaria, y los àngeles se sienten atraídos por ellas como los mosquitos.

CAMBRILLÒN-.Ahora, tornemos al punto medular de nuestra preocupaciòn trascendental, al leit motiv de nuestros dìas y de nuestros años: si nosotros mismos programamos nuestra vida en el màs allà, no tenemos derecho a protestar contra la pelamuerte en el màs acà, porque nosotros la pusimos en el contrato. Eso sì, debemos quemar carma, quemar carma, quemar carma, hasta que nos volvamos carbón y humo.

CASOLETA.-Entonces yo voy bien encaminado. Los dedos de los pies los tengo frìos y negros, ya ni me sale sangre. Ni los siento cuando me doy un tropezón buscando sobras en los basureros. Parecen carbones. Un dìa de estos los vendo para que algún carnívoro caliente el fogòn de una parrilla.

CAMBRILLÒN.- Me gusta oir eso. Yo en estos días dejè el uñòn del dedo gordo del pie derecho en un clavo, cuando estuvimos en el Mercado de Coche. Y eso me le da un respirito al corazón, porque veo que yo también voy por el buen camino. Por el camino acertado, como decía aquel maestro cuando comenzamos a estudiar primaria. Bailo de contento, porque compartimos el sufrimiento hoy  y compartiremos una parcela en el Cielo, mañana.

CASOLETA.- Por eso  debemos dar gracias al Cielo porque cada dìa nos lleva al goce eterno.

CAMBRILLÒN.- Y es que el tiempo de sufrimiento pasa rápido. Què son setenta años llevando vainas, si después gozaremos de la luz divina. Què son setenta años frente a la eternidad. Una bagatela, una minucia, una nimiedad, una futilidad, una fruslerìa, una…

CASOLETA.- Ay, hermano, què bien hablas. Pareces un iluminado con esas palabras de oro, y hasta pareces filósofo, de esos que se pasean por los pasillos sudando tintas de tanta sabiondez y fumando pipa para que los pensamientos se eleven como los globos y se vayan por el aire, a esparcir sobre las montañas, los bosques, los mares y los riòs, semillas de bondad  y paz.

CAMBRILLÒN.- Ay, hermano, tù como que te estàs burlando de mì. Tù eres màs poeta y sabiondo que yo. ¡Què estro poético. Con què garra metamorfoseas, y con què  facilidad!.

CASOLETA.- Bueno, digamos que llevamos la misma sangre y que por nuestras venas corre la esencia de la sabiduría milenaria.

CAMBRILLÒN.- ¡No sigas, no me jorobes la landra con ese fuste, que voy a llorar de la emoción. Còmo se pierde la sapiencia en las calles de este país. Y pensar que a esta hora podrìas estar infundiendo sabiduría en la Universidad que està por aquí cerca.

CASOLETA.- No creas, hermano. La sabiduría es lo que menos interesa a los estudiantes. Les interesan los billetes. Lo suyo es graduarse ya, ya, para salir a trasquilar clientes. Por eso, mientras cursan estudios se vuelven, casi todos ellos, unos bufones lamecueros, detrás  de los profesores. No tienen dignidad.

CAMBRILLÒN.`- ¿Y còmo sabes esas cosas, si jamàs has ido a la universidad?

CASOLETA.- Porque yo leo, yo me instruyo. ¿O què crees que hago en los basureros después de una opípara manducata ? Soy inquisitivo, busco el hueso de la realidad. Busco periódicos, busco revistas, material legible, materia captable, agible, inteligible, para alimentar el intelecto, para comprender la esencia de mi vida, la razòn de ser de mi peregrinar por el planeta, mi destino trascendental. Y me echo de espaldas a la sombra de una mata, a leer y a meditar. La gente cree que estoy durmiendo y dice para sus adentros “què vagos, què flojos”. Pero, yo estoy meditando. En realidad estoy meditando..

CAMBRILLÒN.- Con razón me enseñas tantas cosas cuando me hablas como si acabaras de venir de la NASA o de la Sorbona o de la UNESCO o de la Sociedad Max Planck. Pura sapia, de la buena. Y hasta he aprendido a expresarme de lo tan bien que tù lo haces.

CASOLETA.- Pues todo eso se lo debo a la meditación. Pero, no pensar en el pasado, ni siquiera para gozar de los buenos recuerdos. Tampoco en el futuro, porque no somos funcionarios del Ministerio de Planificaciòn. Pensar en el presente, sòlo en el presente. En este presente tan hermoso, tan hermoso, que debemos aprehender el instante en su divina perfección.

CAMBRILLÒN.- ¿Quieres decir que el aquí y el ahora son el momento preciso, justo, para ver con gozo infinito còmo estamos jodidos, en este barrial, comiendo porquerìas?.

CASOLETA.- Pero son porquerìas de hoy, del momento, fresquecitas, por lo que estamos seguros de que no tienen bacterias ni  causan indigestiòn. Hay que tragárselas ya, ahora, eso sì.

CAMBRILLÒN.-Còmo coincidimos tù y yo en el pensar, en el sentir, en el decir. Y es que nos pariò el mismo zapatero, que en paz descanse. Por eso no somos sòlo hermanos, sino mellizos o “morochos”.

CASOLETA,-Làstima que no fuimos gemelos, pues nos la hubiésemos arreglado con la comunicación telepática, sin necesidad de celular.

CAMBRILLÒN.-Yo dejè de usar celular desde que vi por televisión que los celulares causan tumores cerebrales…

CASOLETA.- Ademàs, esas llamadas de Alemania o de la UE o de las universidades, de las academias, despertàndolo a uno a deshora,  para hacernos consultas que después desestiman.

CAMBRILLÒN. -Y otra cosa, las llamadas por pagar, es decir, para pagarlas nosotros, de Argentina, Mèxico, Estados Unidos o Canadà y hasta de Caboverde. ¡Abusadores!

CASOLETA.- Es inevitable. Cuando uno se gana una bien merecida fama de sabiondo y generoso…eso atrae. “Los Morochos Casoleta y Cambrillòn”. Quièn no los conoce…



CASOLETA.- Mejor retirémonos a nuestros aposentos, que nuestro castillo nos espera. Es casi la media noche y el mayordomo debe estar agotado, aguardando la llegada de nuestro carruaje.

CAMBRILLÒN.- No importa. Para eso le pagamos en euros, para que le rindan…Ya se le irà el sueño cuando los cascos de los caballos resuenen en el pavimento…Ademàs, el auriga tendrá la previsión de llamarlo por el walkie-talkie para que se apreste a recibirnos, rodeado por la alegre jaurìa de los lebreles.

 CASOLETA.- Olvidaba que mañana tendremos reunión con los accionistas del calzado.

CAMBRILLÒN- Será una jornada bastante pesada.

CASOLETA.- Propondrè la fabricaciòn de unos guachicones especiales para los polìticos, con alitas como los de Hermes, el dios griego, para que lleguen volando a la tesorerìa nacional, su verdadera razòn de ser y apetecer.

Se acuesta cada uno en su cartòn, se duermen de inmediato y continùan en sueños los dulces sueños de millonarios fatuos.








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