miércoles, 21 de diciembre de 2016

PASAJES SIN DESTINO UN DESANECDOTARIO CARENTE DE IMPORTANCIA Juan José Bocaranda E





PASAJES SIN DESTINO
UN DESANECDOTARIO CARENTE DE IMPORTANCIA
Juan José Bocaranda E

Comienzo por las advertencias siguientes:
1.Escribo sin modestia alguna en primera persona, para que quienes quieran entender –si es que tienen buena voluntad y mejores intenciones- entiendan que estas líneas, así como los libros publicados por mí, han sido escritos sin participación alguna –ni siquiera mínima- de otra u otras personas. Y lo escribo en primera persona porque no han faltado quienes, al ver cómo he usado el pronombre en plural, han querido suponer que la obra ha sido escrita por otras personas y apenas con mi colaboración.

2.Estos “pasajes” no abrigan otra finalidad sino la de sentar en letras los  recuerdos de experiencias diversas que  me  ha tocado  vivir y que por ello mismo sólo me interesan en lo personal. No obedecen primariamente al deseo de publicarlos sino al de abrirme puertas, con satisfacción,  al derecho de la libre expresión del pensamiento; e, igualmente, para conocerme mejor puesto que cuando el ser humano da salida a sus pensamientos y los plasma por escrito, halla en éste una fuente de reflexión respecto a sí mismo. Por lo menos así lo considero yo...

Sí. Sólo para eso escribo. Lo cual es mucho en la medida en que se valore la libertad. Porque nada es más asfixiante  y mortal que la mordaza. La libertad de expresarse prevalece incluso sobre el derecho a comer, si se tiene en cuenta que para la libertad de expresión, para decir y gritar y reclamar, se requiere dignidad, mientras que para comer, los primeros que lo hacen, y mejor, son los que carecen de dignidad pues venden la conciencia a cambio de la pitanza.
El asentamiento de estas experiencias no tiene carácter cronológico, pues no es historia sino vivencia. Vienen, desde mi niñez hasta el presente, en forma desordenada,  a impulsos de la espontaneidad. Los recuerdos son antojadizos e imprevistos. Vuelan de rama en rama o de un árbol a otro, e incluso de un bosque a otro, si es que no emigran a otro continente,  como los pájaros.
 Los llamo desanecdotarios, porque quiero adelantarme a mis detractores, es decir, a mis  enemigos –numerosos y gratuitos- quienes seguramente cuchichearán que “eso” no merece  ser llamado anécdotas. Tal vez tengan razón. Pero las escribo, porque ¡eso sí que no!: no podrán impedirlo...