martes, 28 de julio de 2020

LA PANDERMIA. UN ANTES Y MUCHOS DESPUÉS. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E.




LA PANDERMIA. UN ANTES Y MUCHOS DESPUÉS

El mundo cambia por las buenas o se destruye por las malas, pero cambia…

Él pensó. Tal vez estoy equivocado. No sé. Es probable que esta sea la realidad de un futuro próximo, lleno de incertidumbre. Y pensó sólo para sí:
Creo que el corona-virus plantea que habrá un “antes” y muchos “después”… El “antes” era ayer, cuando la gente se amontonaba en todas partes, como presuponiendo que todos estaban sanos y nadie pensaba o imaginaba que llegarían los virus a contagiar en forma contundente.
Los “después” son hoy y quizás seguirán siendo mañana y pasado mañana, y quién sabe hasta cuándo…cuando la gente no pueda confiar en la salud propia o de los demás; cuando haya que perpetuar el uso de la mascarilla; cuando haya necesidad de mantener previsiones en el transporte público y de  evitar las aglomeraciones y de salir de casa lo menos posible; cuando los profesores y los alumnos deban  conservar la obligación de la  distancia mínima, y lo mismo cuando se trate de trabajos en equipo y en las fábricas, en los laboratorios y demás servicios. E igual sucederá con los actores de teatro y cine…y…y…
Sí. Desconfianza generalizada. La vida ya no será igual. El virus ha venido a distanciarnos. Comunicación, familiaridad, amor y amistad a distancia. En síntesis, humanidad coartada…!qué esperanzas! Dios quiera que yo esté equivocado, muy equivocado. No quiero ser profeta negro.


lunes, 27 de julio de 2020

AMIGOS POR SIEMPRE. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E.



AMIGOS POR SIEMPRE
 
-¡Amigo Bermúdez!
-Sí, amigo Orellano
-¿Por qué decidió venirse para la capital y dejar de vender huevos en el mercado de San Cristóbal?
-Está muy equivocado. Quien siempre ha vendido huevos en el mercado ha sido su señora madre, amigo Orellano.
……
Otro día:
-¡Amigo Bermúdez!
-Sí, amigo Orellano
-Usted y yo comenzamos a estudiar Derecho en esta Universidad hace cuatro años. Yo voy por cuarto año, mientras que Usted no ha pasado de segundo. ¿Por qué no se dedica a otra cosa?
-Sí, amigo Orellano. La ciencia jurídica supera mis escasos alcances intelectuales. Para llegar a medio-conocer lo que es la ciencia del Derecho es preciso ser todo un Einstein. Por eso proyecto tomar un pequeño curso de repostería, para hacer tortas como su señora madre…
….
Otro día:
-¡Amigo Bermúdez!
-Sí, amigo Orellano
-¿Qué piensa hacer cuando se gradúe de abogado?
-No lo sé todavía, amigo Orellano
-¿Por qué no se va ejercer la profesión en Periquea, mi pueblo?
-¿Qué podré hacer yo en ese cagadero de mulas, amigo Orellano?
….
Otro día, muchos años después:
-¡Amigo Bermúdez, qué agradable sorpresa!
-Sí, amigo Orellano
-¿Qué hace, amigo Bermúdez?
-Estoy disfrutando de mi jubilación, en el Ministerio de Sanidad, amigo Orellano
-¿Qué? ¿Estuvo fumigando mosquitos de la malaria durante tantos años?
-No, amigo Orellano. Fui consultor jurídico del Ministerio. ¿Y Ud. qué hace?
-Ando por ahí, como se dice…
-Ah. Entonces anda “pelando”…Así terminan los mal intencionados, amigo Orellano…




domingo, 26 de julio de 2020

LA PULPERÍA DE LOS POBRES. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E.



LA PULPERÍA DE LOS POBRES

Ah, Germán: eras un ángel metido a pulpero. Acostumbrado al Cielo, nunca te diste cuenta de que habías encarnado en este infierno...

Germán Mendoza. Mi gran amigo. Rectilíneo, trabajador y el colmo de la bondad. Tenía en el pueblo una pulpería única en su tipo, seguramente, y a nivel mundial.  Y es que Germán no quería percibir ni un céntimo de ganancia  por el expendio de las mercancías, por lo que las cuentas no le daban. Y no le hubiesen dado ni con el asesoramiento del mismo Barón Keynes.
El párroco, también amigo, a quien Germán había servido como sacristán durante más de 30 años, jamás pudo convencerlo de la necesidad de que la pulpería generase siquiera ganancias mínimas para sostenerse.
Le dije una tarde:
-  No puede seguir así, señor Germán. El padre está en apuros pues tiene que suplir la pulpería cada ocho días, y eso lo tiene quebrado. Él debe rendir cuentas al obispo.
-No, no, no. No puedo cometer el pecado de lucro porque ese abuso lo prohíbe la ley de Dios. Yo no estoy dispuesto a poner en riesgo la salvación de mi alma parando en el infierno, repleto de mercachifles usureros, ruines, malintencionados, despiadados y perversos.
No cedió. Y para completar el cuadro, salía a la puerta del negocio y convocaba a los transeúntes pobres, y les repartía gratis pan, arroz, maíz, plátanos, huevos, de lo que hubiese.
-Niños, niños. Aquí tienen unos caramelitos, y si quieren guarapo de papelón con limón, y galletas, pidan y se les dará, que en este país el hambre está que galopa, pero abundan la buena voluntad, las buenas intenciones, la solidaridad y el evidente deseo de arreglar las cosas.
El problema terminó cuando el obispo le quitó al sacerdote la parroquia dizque “por rebelde”.  Germán tuvo que ser ingresado en un ancianato, donde murió seguramente en santa paz, como el ser humano rectilíneo, puro y hasta ejemplar que fue.
Le escribí, en una carta imaginaria le remití al reino del más allá: