martes, 26 de julio de 2016

SALMO 180 CONTRA LOS GOBERNANTES PERVERSOS



SALMO 180
CONTRA LOS GOBERNANTES PERVERSOS

Nota
En vista de que el mal está extendido por el Mundo en forma dramática, y de que como consecuencia de ello no pocos pueblos padecen y son víctimas de gobernantes inconscientes que hacen mal uso del poder, juzgamos conveniente publicar este santo Salmo, para beneficio de toda la Humanidad. Bien sabemos que se trata de un “verso apócrifo”, así tildado por quienes saben o dicen entender de estas cosas, no obstante lo cual debe atenderse al valor intrínseco de la plegaria, sin supeditarse a las opiniones no siempre sanas ni atinadas de quienes creen saberlo todo, aun de las cosas más ocultas e hijas del misterio.
Claro está que el valor intrínseco de este Salmo debe ser enriquecido por la fe, por el fervor con el que se eleve al Creador como plegaria divina.
Así lo deseamos y esperamos, en esta “Tierra Escogida de Dios para sus Bendiciones”.
Amen.

SALMO 18O, CONTRA LOS GOBERNANTES PERVERSOS

LEVÁNTESE DIOS Y SEAN DISIPADOS LOS ENEMIGOS DE ESTE PAÍS. HUYAN DE ÉL LOS QUE LO ABORRECEN. DESAPAREZCAN COMO EL HUMO. COMO SE DERRITE LA CERA AL CALOR DEL FUEGO. ASÍ DESAPAREZCAN DE LA VISTA DE DIOS.
JUZGA, OH SEÑOR, A LOS GOBERNANTES QUE DAÑAN A LA NACIÓN. DERRIBA A LOS QUE ACTÚAN CON PERVERSAS INTENCIONES CONTRA LA VERDAD Y LA JUSTICIA. CONFUNDIDOS SEAN CUANTAS VECES TRAMEN PLANES PERVERSOS. RESULTEN AVERGONZADOS ANTE EL FRACASO DE SUS MAQUINACIONES. QUEDEN DESHECHOS COMO POLVO ANTE LA FURIA DEL VENDABAL. ESTRÉCHELOS EL ANGEL DEL SEÑOR. SEA SU CAMINO TINIEBLAS Y DESPEÑADERO.
EL ANGEL DEL SEÑOR VAYA A SUS ALCANCES, YA QUE INJUSTAMENTE ARMAN LAZOS DE PERSECUCIÓN Y MUERTE Y ESCARNECEN A QUIENES NO SE SOMETEN A SUS INTERESES.
CAIGAN EN EL LAZO QUE MENOS PIENSAN Y EN LAS TRAMPAS QUE ELLOS MISMOS ARMAN EN CELADA. MI ALMA, ENTRE TANTO, SE RECOGIJARÁ EN EL SEÑOR Y EN SU SALVADOR SE GOZARÁ.

sábado, 16 de julio de 2016

ODIO A LA VERDAD Juan José Bocaranda E




ODIO A LA VERDAD
 
Juan José Bocaranda E
Si tanto odias la verdad, trata de matarla. Pretenderlo es lo más fácil del mundo. La verdad morirá del susto y tú podrás proseguir con la farsa y la mentira, caldo de tu cultivo.
(Yo, no más)

Para despertar la piedad y la nobleza
de un matarife descarado
un pollo esponjado a punta de hormonas y jarabes
dijo como quien dicta una disposición testamentaria:
entrego mi vida tan honrada
de pollo casto y virgen todavía
al patíbulo cruel y despiadado
por amor al hombre y la verdad.
Pero el matón, con mirada y mandíbula torcidas
 muy lejos de mostrar piedad
de un solo tajo certero y democrático
cercenó aquel pescuezo noble y abnegado
descargando aun más el peso de su furia y saña
porque le había mencionado la verdad.

Así obran los matones, más aun cuando empuñan el poder.

domingo, 10 de julio de 2016

. EL JUEZ QUE VIVIFICÓ LA LEY Juan José Bocaranda E

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EL JUEZ QUE VIVIFICÓ LA LEY
Juan José Bocaranda E

¿¿¿De qué vale una ley nueva si quien la aplica es un juez de  espíritu avejentado???

Si hay jueces sabios, sin duda lo es el  que logra sacar partido aun a las leyes viejas.
Recordamos cómo, a comienzos de los años 60, un juez salvó del embargo la nevera de una humilde señora en la ciudad de Barquisimeto. Y no lo hizo por arte de magia, ni por los caminos verdes, ni implorando al más allá: “simplemente” usó la inteligencia y el sentimiento de lo humano, y aplicó nada menos que el artículo  1929 del Código Civil, de larga data,  que prohíbe la ejecución del lecho del deudor, de su cónyuge y de sus hijos; de la ropa de uso de las mismas personas y de los muebles y enseres que estrictamente necesiten el deudor y su familia; de los libros, útiles e instrumentos necesarios para el ejercicio de la profesión, arte u oficio del deudor; de los dos tercios del sueldo o pensión de que goza el deudor, etc.

En esta lista no se lee por ningún lado la palabra “nevera”, y cómo podría leerse si se tiene en cuenta que mientras la primera nevera como tal se lanzó al mercado en 1938,  aquella  disposición legal tiene varios siglos de existencia. No obstante todo esto, el juez incluyó los refrigeradores  domésticos en la lista, en virtud de la analogía, pues consideró que las neveras contribuyen a la economía del hogar, porque evitan tener que ir al mercado todos los días, lo que favorece en especial a las personas de escasos recursos pecuniarios. Sin duda, se trataba de un Juez sabio, consciente y verdaderamente humano, cuyo ejemplo deberían seguir muchos otros juzgadores. En especial los que tornan viejas las leyes nuevas, antes de tiempo, debido a una interpretación retrógrada.

Otro Juez no se hubiese desprendido del monóculo décimonónico del dogmatismo y hubiese embargado la nevera de aquella pobre mujer, sin el más pequeño toque de consciencia. Y nadie hubiese logrado convencerlo de que –como dicen las Escrituras Sagradas- “la letra mata y el espíritu vivifica”, ni de aquello de que “no se ha hecho el hombre para la ley sino la ley para el hombre”.

De todo lo anterior se infieren dos puntos básicos:
primero,
que los jueces no deben matar el espíritu de las leyes, deteniéndose en la superficie en busca de una justicia meramente filológica, en vez de profundizar en su significado en función de la realidad, con inteligencia y sentimiento de lo humano.

y, segundo,
que para ser Juez no es suficiente pasar por una Universidad, ni tener esteradas de diplomas todas las paredes de la oficina, ni realizar cursos y hasta “cursillos de cristiandad”, sino que es necesario, como base, tener disposición para abrirse al espíritu de los nuevos tiempos y de la solidaridad humana y social. Porque es allí donde radica la esencia del buen juzgar. Es allí donde se oculta “la magia simpática de las leyes”. 
Parafraseando al filósofo: es preferible un juez bueno que una buena ley.

miércoles, 22 de junio de 2016

CONTRA EL ABSURDO RECALCITRANTE Juan José Bocaranda E




CONTRA EL ABSURDO RECALCITRANTE
Juan José Bocaranda E

Cuanto más dura sea una roca, más se debe insistir. Hasta que por fin salte en mil pedazos, debido a la dinamita de la historia...

Decimos esto a propósito de la cerrazón recalcitrante de quienes se niegan a la verdad, en especial de quienes lo hacen en las sombras del silencio perverso, de la ignorancia voluntaria, de la opción por la mentira de todos aquellos que prefieren sacrificar lo obvio y lo inegable,  en aras de los intereses creados, no obstante su  presunta condición de defensores públicos  de la verdad y de lo justo. Más aun, de los valores éticos, de los principios morales. Más todavía, de su fanática concepción religiosa...

Nos referimos a quienes rechazan a priori y a ultranza,  la posibilidad de que el Derecho y la Moral marchen juntos, realmente conjugados, con una finalidad básica: contribuir a la realización del Bien y de lo justo.

Desde que Kant se dedicó al estudio de las relaciones entre el Derecho y la Moral, muchos quisieron entender que el filósofo de Konigsberg  había “decretado” una separación metafísica, y no efectuado, simplemente.  una distinción,  necesaria para tener claro el perfil de la Moral y el Derecho.


Siendo Kant un hombre inteligente, no podemos concebir que hubiese tenido la pretensión de hallar entre el Derecho y la Moral una separación “natural” que tornase absolutamente imposible la conjunción de ambos. No creemos posible que para Kant el Derecho fuese algo ajeno a la evolución histórica ni que ignorase que en tiempos de Grecia y Roma antiguos había reinado confusión entre las normas morales, las jurídicas y las religiosas. Consciente de ello, justamente para combatir esa confusión, se abocó a distinguir –nunca a “separar”- el Derecho de la Moral.

Y si ya es un absurdo pretender una separación “natural” entre el Derecho y la Moral, mucho más lo es que algunos  vean con horror una simbiosis,  cuando es un hecho que la conjunción de la Moral con el Derecho es un desiderátum pues  habría mayor garantía de que el Bien que predica la Moral, sería realizado por el Derecho, por un Derecho de nuevo cuño, redimensionado.

Por eso, llama poderosamente la atención que ciertos  juristas, profesores de Derecho, cuanto más éticos y moralistas dicen ser en las aulas y en la prensa y frente a las cámaras de televisión, más recalcitrantes se muestran en su defensa dogmática de una separación eterna entre la Moral y el Derecho, cuando debería ser lo contrario. Porque ¿quién deberia estar más interesado en la injerencia de la Moral en el Derecho, que un jurista que valora la Moral?

Pero, la ponderacion sube de nivel  cuando se observa cómo entre los opositores más escandalizados se encuentran  juristas que se dicen cristianos y quienes por ello deberían favorecer la  fusión de la Moral con el Derecho, porque éste se convertiría en un instrumento del Bien y para el Bien y dejaría de ser un instrumento para el mal, como suele utilizarse…

Hasta hay sacerdotes católicos que cierran paso a toda idea de conjugar plenamente la Moral con el Derecho, lo cual luce contradictorio, increible, absurdo.

Luego, ¿dónde queda la etica  de todos ellos? ¿Dónde su responsabilidad moral? ¿No comprenden cuánto mal podría evitarse en el Mundo si la Moral rigiese a través del Derecho, en una simbiosis creativa, consciente de la distinción entre ambos y  en una relación donde ni la Moral ni el Derecho pierden su entidad, sino que la conservan en una nueva dimensión?


sábado, 11 de junio de 2016

EL DERECHO A LA ESTUPIDEZ Juan José Bocaranda E




                                                                                Cabeza de Ladrillo

EL DERECHO A LA ESTUPIDEZ
Juan José Bocaranda E

Se dice que hoy la libertad del hombre debe ser omnímoda y plena, porque así lo exigen los derechos humanos. Por consiguiente,  todo el que quiera hacer uso de su libertad  la tiene, incluso, para ser estúpido y  permanecer en la estupidez. Lo que significa que existe y debe ser reconocido en la práctica el derecho humano a la estupidez.

El derecho a la estupidez puede operar respecto al propio Derecho, es decir, a la concepción del Derecho como panacea. Así, según la mentalidad de quienes hacen uso de ese derecho,  basta aprobar una retahíla de leyes, y quedarán resueltos, automáticamente y  como con varita mágica, todos los problemas de los individuos y de la sociedad. Basta una ley en cada área, nivel y aspecto de la realidad, para que todo quede  plenamente satisfecho, como lleva a suponerlo la estupidez.

La estupidez dice a sus usufructuarios que, por esa vía, mediante la virtud de las leyes, se endereza por sí sola la economía, a tono con el principio de la igualdad. Por lo que son suficientes un par de leyes o una ley-base, para que a partir del mismo día de la publicación oficial, cesen las desigualdades sociales y el pan llegue a todas las mesas. Del mismo modo, basta la adhesión a las propuestas de la ONU por un Mundo mejor, de paz, de armonía universal, de igualdad absoluta, para que la Tierra se convierta en la Nueva Jerusalén. Basta, también, una ley que decrete el amor universal, y los violentos depondrán  las armas, y las farmacéuticas y las grandes  productoras  de alimentos renunciarán a la usura que tanto les carcome el alma, y se abocarán a una campaña de humanismo ejemplar.

En síntesis, contra la opinión de von Savigny, es necesario, conforme a la estupidez, producir leyes “como píldoras”, para que los seres humanos seamos felices...

Por supuesto, inherente al derecho a la estupidez, late el convencimiento de que, por gozar las leyes de una virtud substante, su funcionamiento y aplicación son totalmente ajenos a la actividad consciente y moralmente responsable de los funcionarios, quienes,  mientras las leyes trabajan por sí solas, podrán dedicarse al “ocio creativo”. Es decir, a planificar sustracciones y robos contra el erario público,  dando rienda suelta a la corrupción, para ingresar por vía directa al escalafón de los nuevos ricos.

También es inherente al derecho a la estupidez, la ingenuidad de creer suficiente que las leyes establezcan la responsabilidad jurídica de los funcionarios –responsabilidad civil, penal, administrativa y disciplinaria- para que estos seres angelicales, dejando al margen el deber moral, se mantengan en la senda del bien y de lo justo, y satisfagan los fines del Estado y el goce  complacido de los administrados.
En otras palabras, el derecho a la estupidez comprende también la prerrogativa “humana” de excluir a gusto o conveniencia, todo asomo de exigencia moral en el manejo de las leyes. Porque la razón estúpida predica que a la hora de la verdad, la Moral no es sino un estorbo ya que cierra paso al libre albedrío, impidiendo al funcionario optar por el mal cuando le convenga (lo cual le ocurre con predominante frecuencia).

Pero, por sobre todas las cosas, para los derechohabientes de la estupidez rige el principio inviolable, divinamente establecido, de la separación absoluta entre el Derecho y la Moral. Ello  desde que, en su opinón, lo que Kant hizo no fue distinguir entre el Derecho y la Moral, sino decretar la separación, como deidad omnipotente,  para evitar un contubernio pecaminoso entre ambos, suponiendo estúpidamente que la separación obedece a una ley natural, como la ley  de la gravedad. Por lo tanto, el alto tenor de la estupidez a la que tienen derecho,  les impide comprender que la relación entre el Derecho y la Moral es asunto de la  dinámica histórico-social. Motivo por el cual no otorgan importancia al hecho de que la relación entre la Moral y el Derecho haya evolucionado desde Grecia y la Roma antigua, (cuando se confundían las normas morales con las jurídicas y las religiosas), hasta la Edad Media, con la concepción de una Moral prevaleciente sobrel Derecho, después de lo cual vino la concepción de una independencia total, como ocurrió con el juspositivismo y la Escuela de Viene. Nada de lo cual impide que hoy, como consecuencia fundamental y necesaria de la esencia de los derechos humanos, tenga lugar el reencuentro de la Moral con el Derecho, mediante una Moral endojurídica, como lo exigen los nuevos tiempos, asunto que tampoco permite ver el libre ejercicio del derecho a la estupidez, que no pretendemos negarles.

Por supuesto, por otra parte, el derecho a la estupidez impide a los estúpidos  darse cuenta de que en un país donde la Moral se mantiene lejos y fuera del Derecho, no reinan sino el caos, la corrupción, el crimen,  la injusticia,  la violación permanente de la verdad y el desmoronamiento de los derechos humanos.

Pero, ¿cómo hacer entender estas cosas a quienes  dedican la vida al uso fanático de la estupidez? Por lo menos quien esto escribe se abstiene de hacerlo, no vayan a enjuiciarlo por violación de los derechos humanos, de cuya lista forma parte el sagrado derecho a la estupidez